Como un furioso tren desenredado

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La voz extraordinaria del poeta Esteban Cabañas no es muy conocida en América del Sur. Debería ser difundida porque la deuda que tiene esta tierra con el poeta es inmensa. Esta tierra le debe ásperas canciones, recuerdos mudos de dolor, sueños incomprendidos. Hombres resucitados.
Me toca a mí realizar esta selección y el peso que tengo es insólito. Me sorprende que a lo largo de los años el poeta no haya caído preso de las palabras engañosas que el oficio poético otorga con la experiencia. Nunca. Como si las palabras tuvieran una vida particular, delicada, única, intransferible, las dispone como en una composición musical: una palabra se debe a otra, y ésta a otra. Así hasta el último verso. Palabras cargadas de interrogantes más que de certezas. Palabras dichas por un condenado que mira como un dios y sufre como un hombre. Un condenado a mirar esta tierra llena de injusta historia. Tierra ajena es su patria.
Porque Esteban Cabañas tuvo que vérselas con la dictadura más atroz que padeció esta América. Es inseparable el destino del poeta, que hasta tuvo que inventarse el nombre para no ser apresado, con el discurrir del gobierno de Stroessner. En ese tiempo forjó su voz. Y no fueron enemigos pequeños. Fue una guerra de años enteros, una guerra en el verdadero sentido de la palabra, ya que por un lado los policías y torturadores y soplones, se enfrentaban a los muertos en las mazmorras. Éstos tenían una voz y se la prestaban al poeta. Y éste inventaba una luz, una roca. Una victoria. Con el tiempo el dictador fue a parar al destierro en donde terminó sus días viendo dibujos animados en la televisión. El poeta y los suyos finalmente vencieron. El Paraguay mantuvo, pese a los traidores, una memoria fabulosa y un pecho invicto gracias a artistas como Esteban Cabañas. ¿Hablamos de una poesía exclusivamente política? No, pero sí. Aún en los poemas amorosos nunca el autor se olvida del destino humano, y su luz solidaria busca en el vacío hasta dar con el otro. Y el otro es el prisionero, el solitario, el desgarrado destinatario de un amor ritual. ¿Un amor sentenciado a morir? Tal vez. Pero, ¿qué amor no lo está? Pese a todo el poeta sostiene el lirismo que muestra el horizonte en este tiempo de nuevas gatopardas libertades. Y hacia allí va convencido de que el mañana arrimará el fuego, las piedras, las máscaras. Y, como él lo escribió en un poema, hacia allí va como un torbellino, como un furioso tren desenredado. (Ricardo de la Vega)

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Información adicional

Año

2009

Autor

Paginas

144

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NOVELAS